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Mantener la atención en el presente

Todo lo que existe, incluyendo nuestra Atención, existe en el momento presente.

Cuando recordamos el pasado, esta acción tiene lugar en el momento presente.

Cuando imaginamos o planificamos el futuro, esta acción también ocurre en el momento presente.

No existe nada que pueda tener lugar en otro momento que no sea el presente.

La capacidad de prestar atención existe en el presente y el o los objetos hacia los que se dirige la atención, también están ocurriendo en el presente, ya sean elementos constitutivos de la situación externa, ya sean elementos u objetos que forman parte del estado interno del sujeto (pensamientos, emociones, percepciones sensoriales, sensaciones físicas, experiencias de la propia energía interna.)

Estos elementos subjetivos, que son parte del fenómeno que puede ser percibido por el sujeto, también son considerados como objetos por el hecho de que pueden ser conocidos por el sujeto, pero no son “el sujeto”.

Los objetos, tanto externos como internos, no se mantienen en el presente, sino que cambian continuamente. Más bien, se mueven en el presente. Por tanto cuando la atención se enfoca en los objetos externos o internos, tampoco se mantiene en el presente, sino que se mueve en el presente, cambiando junto con los objetos.

La Atención se mantiene en el presente cuando consigue captar aquello que no deviene con la movilidad del presente cambiante, aquello que está constantemente presente sin cambiar.

Simultáneamente coexisten el presente cambiante y el presente constante.

Atmán, es aquello que habita el presente constante, aquello que está constantemente presente.

Atmán está en el centro de la consciencia, por cuanto, cuando la atención se abstrae de todos los objetos, vaciándose de toda percepción, desde la profundidad emana y se irradia el resplandor de Atmán.

La captación de Atmán no se corresponde con el formato de la percepción de los objetos en general, ni de los objetos internos en particular. Si nuestro Ser Total fuese un círculo, Atmán es el punto central del círculo. Desde allí se irradia la consciencia, la atención. En la periferia, se perciben los objetos, tanto internos como externos. Por tanto la captación de Atmán, es más bien un estado de Ser, que un estado de experiencia, de percepción. Es un estado de presencia en el que Atmán está presente, no ante la atención como objeto, sino en su núcleo, un estado en que la atención al separarse total o parcialmente de los objetos, se retrae sobre sí misma, permitiendo que se contenga en ella la presencia de Atmán. Es un estado de Ser que es propiciado por esta habilidad reflexiva de la atención.

También con el entrenamiento adecuado, la Atención es capaz de captar simultáneamente el presente cambiante y el presente constante, es capaz de estar en contacto con Atmán al mismo tiempo que con los objetos externos e internos.

Pratyahara, Dhárana y Dhyana, son las prácticas por las cuales la Atención pasa de cambiar con los objetos externos e internos, a enfocarse en Atmán, que es constante presencia.

Mediante Pratyahara, la atención que normalmente fluye a través de los sentidos en la percepción de los objetos externos, es retirada de esa acción y enfocada en algún otro objeto, designado por la técnica.

Mediante Dhárana, la atención que normalmente fluye de uno a otro de los objetos internos, pensamientos, emociones, etc, es llevada a concentrarse en un solo objeto, que se establece en la técnica.

Mediante Dhyana, la atención al verse total o parcialmente desvinculada de todo objeto externo o interno, se desidentifica con todos estos objetos, permitiendo que se irradie desde la profundidad del Ser la presencia de Atmán, la verdadera Identidad.

Este enfoque en Atmán, no implica necesariamente la supresión total del foco atencional en los objetos, aunque sí una toma de distancia, un estado de desidentificación con los mismos, pudiendo perfectamente coexistir la presencia en Atmán con la experiencia de los objetos externos e internos.

Atmán habita en el centro del foco de la atención, del foco de la consciencia.

Atmán es la verdadera Identidad en el centro de toda consciencia individual.

Cuando la atención se pone en contacto con Atmán, la atención está en el presente en su estado de verdadera identidad.

Maya, ocurre cuando la Atención se enajena en el presente cambiante, perdiendo de vista el presente constante. Entonces surge la identificación con los objetos externos e internos y se pierde el vínculo con Atmán, con el presente constante.

Gñana, el discernimiento, consiste en mantener la continua atención en el presente cambiante y el presente constante simultáneamente, evitando la identificación con los objetos externos e internos y manteniendo el eje de la identidad en Atmán, en el estado de presencia.

Abhyasa, la práctica continua, refuerza el vínculo entre la Consciencia y Atmán, creando una cantidad creciente de fuerza de cohesión (Bhakti), de deseo espiritual, de devoción.

Cuando la acción (karma) tiene lugar en el estado de identificación y no de identidad, crece la fuerza inversa, la fuerza de cohesión con lo cambiante, creando y reforzando el vínculo con lo cambiante, tanto en su relación con los objetos externos, como en la fijación de los objetos internos (Samskaras) que se generan.

Las impresiones de este modo acumuladas (samskaras) tienden a disolverse y dejan de regir cuando la atención se mantiene en el presente, en el estado de constante presencia en Atmán.

La acción (karma yoga) que ocurre en el estado de discernimiento (Gñana) con respecto a la verdadera identidad, que trata con los objetos externos e internos, pero evitando (Vairágya) tanto su identificación con ellos como el deseo o fuerza de cohesión con los mismos, sin desear ni rechazar el estado o forma que los objetos van tomando, es un tipo de acción que sólo puede ser realizada cuando se mantiene la atención en el presente, cuando la presencia de Atmán genera un vínculo en forma de sentimiento (Bhakti), que se expresa en forma de devoción y desapego.

Si entendemos a fondo las implicancias de esta enseñanza de “Mantener la Atención en el Presente”, entendemos la conexión interna entre los distintos aspectos o ramas del Yoga y entendemos como se relacionan entre sí las distintas modalidades de técnicas del Yoga. Nos damos cuenta de que este principio ha estado desde siempre en el núcleo, en el corazón de la enseñanza del Yoga.

Cuando mediante la práctica del Hatha y Raja Yoga, se obtiene un determinado estado de Consciencia, un determinado grado de conexión con Atmán, es posible hacer extensible ese estado interior al terreno de las actividades, cualesquiera sean. De este modo la consciencia, permaneciendo continuamente en el estado de presencia de Atmán, puede a la vez aplicarse a la acción, puede a la vez estar en contacto con los objetos externos e internos, puede habitar simultáneamente el presente constante y el presente cambiante. Se trata de un esfuerzo y de un entrenamiento atencional, que puede realizar cualquier practicante, que mediante cualquiera de sus Sádhanas, establezca algún grado de conexión con Atmán.

Si se pierde el vínculo con Atmán, con el presente constante, la atención es arrastrada erráticamente por la fuerza del devenir de los objetos externos e internos, fuerza que aumenta exponencialmente conforme la consciencia pierde ese contacto. Cuando ésto ocurre, la atención se mueve en el presente cambiante, pasando muy velozmente de un objeto a otro, de un modo completamente inestable y dispersa en múltiples percepciones, manipulada mecánicamente por la circunstancia externa e interna.

Por el contrario cuando la atención se irradia desde el interior hacia el exterior a partir de su anclaje en el estado de conexión con Atmán, puede ser dirigida voluntariamente, eligiendo hacia qué areas específicas de la experiencia externa o interna va a dirigirse, para percibir y actuar.

De este modo la atención se mantiene en el presente, en el presente constante, percibiendo al mismo tiempo cada instante del presente cambiante, cada componente de la situación interna y externa.

En medio de la actividad, puede resultar de ayuda mantener algún tipo de anclaje de la atención para favorecer la atención en el presente. Este anclaje en modo alguno puede plantearse como un forcejeo de la atención por retirarse de la extroversión en la percepción y actividad y dirigirse hacia el interior. Sino por el contrario, algún factor eficaz que funcione como catalizador del vínculo con Atmán y permita a la atención, que partiendo de su centro en Atmán, se irradie hacia afuera.

Como sabemos, todas los distintos tipos de técnicas del Yoga, trabajan sobre la consciencia y el estado de presencia. Pero sin lugar a dudas la modalidad que más directamente se aplica a la consciencia es la meditación (Dhyana).

Sin embargo en la meditación, la dirección que sigue la atención es desde la periferia hacia adentro. A la inversa del movimiento que nos planteamos sostener en la actividad. En el estado de Dhyana la atención se encuentra lo más cerca que hemos podido llegar, de nuestro centro. En tal estado se puede percibir el flujo de los pensamientos, emociones y no identificarse con ellos, no reaccionar ante ellos y no participar de su contenido. En este estado el objetivo está alcanzado. La atención está en el presente.

A partir del momento en que finaliza la meditación y comienza la actividad, naturalmente la atención es llevada hacia los objetos. En este movimiento exocéntrico, hacia afuera de la atención, es necesario no perder el anclaje en el centro. A veces este contacto se mantiene por sí mismo, pero de tanto en tanto advertimos que se ha perdido la conexión o simplemente queremos aumentar el grado de intensidad del vínculo.

Para responder a esta necesidad puede ser útil contar con algún recurso adicional, un sutil recordatorio, un anclaje de la atención que mantenga vivo este contacto.

Una de las técnicas más universales de meditación, sin duda es la de observar la respiración.

En el punto de partida de esta práctica, la percepción de la respiración es un objeto de la atención. Conforme la atención se abstrae de los objetos externos (Pratyahara) e internos (Dhárana), comienza a percatarse de que de por sí contiene la presencia de Atmán en su núcleo. Al mismo tiempo los circuítos pránicos que se activan con la consciencia en la respiración, generan movimientos de energía, que pueden ser experiencias de éxtasis, de apertura de chakras, etc, que también pasan a formar parte de los objetos internos que percibe la atención. Sin embargo estos circuitos cuando son activados, son propiciatorios del incremento del flujo de la consciencia, son catalizadores del estado de consciencia en Atmán.

Por tanto el mantener en medio de las actividades una observación continua de la respiración, puede resultar de gran ayuda para mantener la atención en el presente, por los mismos mecanismos con que opera la técnica en la práctica de la meditación.

Con el entrenamiento adecuado, esta observación de la respiración puede alcanzarse, simplemente introduciéndola entre los objetos de atención en el medio de la acción como el primero y más inmediato objeto que es percibido. De este modo se convierte en un poderoso catalizador del flujo de consciencia y su centro de irradiación a partir de Atmán, permitiendo a la atención voluntariamente participar en la percepción y la actividad, sin identificarse con la percepción de los objetos externos e internos, ni con las acciones, manteniendo continuamente la atención en el presente.

Si se emplean en la meditación otras técnicas, tales como mantras, contemplación de imágenes, Drishtis, etc, igualmente se puede aplicar este útil recurso de observar la respiración en medio de todas las actividades, por cuanto estos movimientos de prana que ocurren en la meditación independientemente de cuál sea la técnica utilizada, siempre se establecen en total sincronía con un modo de respiración que se instala espontáneamente en tales estados de consciencia. De este modo al aplicar la observación de la respiración en las actividades, en lugar de pretender aplicar las otras técnicas mencionadas, mantras, imágenes, etc, evitamos que se pueda producir forcejeo de la atención en su flujo hacia adentro, en oposición a su flujo hacia afuera, o en el mejor de los casos, dispersión de la atención. Conseguimos el mismo efecto catalizador de la respiración, que ayuda a mantener la atención en el presente.